¡BIENVENIDOS A OTRO AÑO ESCOLAR!… Sin duda estamos empezando el año de una manera diferente… Probablemente, ninguno de nosotros esperaba que el año comenzara así, con un terremoto, que no solo vino a destruir murallas o puentes, sino que vino a sacar de nosotros los impulsos y los instintos más profundos… los de amor y misericordiosos, como así también, los egoístas y repudiables… creo que ninguno de nosotros olvidará a aquel sujeto arrancando con una secadora sobre uno de sus hombros… Aún así, los invito a quedarse con lo bueno, con la solidaridad, con la entrega, con la ayuda y con ese mensaje de “Fuerza Chile” que atravesó los límites de nuestro país…
Sin duda, siempre de los momentos difíciles hay que rescatar lo bueno, y como en todas las cosas, creo que debemos aprovechar esta instancia para aprender y, obviamente, para educar. Este primer mensaje del año 2010, es una invitación a utilizar este episodio de nuestras vidas para educar y formar. Es por eso, que quiero compartir con Uds. una reflexión muy bonita que alguna vez llegó a mis manos y que a más de alguno le recordará algún episodio importante:
“Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: “Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo...”
Todos quienes escucharon eran sabios y grandes eruditos, que podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total, era muy difícil... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
“…No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación”.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”.
Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: -Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje. ¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:
“Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas”… FIN.
Y es asi… no podemos evitar las penas y tristezas que muchas veces llenan nuestro corazón. Por más que protejamos o construyamos defensas, siempre habrán nubes que obscurecerán nuestro horizonte, pero es ahí donde debemos recordar el dulce y sabio pensamiento de este anciano… ESTO TAMBIÉN PASARÁ… y si estamos en compañía de los que queremos pasará más rápido la sensación de dolor y llegará luego el aprendizaje y la paz.
Ahora, en relación al terremoto, muchos de nuestros niños presentarán cambios. No podemos olvidar que es su primera experiencia de desastre natural, que sin duda, es mucho menor a la que muestran en las películas de ciencia ficción estrenadas últimamente. A continuación, van algunas ideas para trabajarlas con ellos:
- En primer lugar, es vital generar instancias de comunicación con nuestros hijos, donde sientan confianza para expresar sus preguntas e inquietudes. En ese momento es vital ser claros y estar informados, para tener seguridad en lo que les vamos a transmitir. Se puede mencionar que con una alta probabilidad habrán réplicas después del terremoto que irán variando en su intensidad, por lo cual, deben tener la precaución de buscar un lugar seguro sin alarmarse.
- Puede que comiencen con miles de preguntas, por lo cual, solo hay que armarse de paciencia, ya que es un fenómeno que desconocen del cual solo tienen como referencia las películas de ciencia ficción que muchas veces superan la realidad. Otros niños en cambio, puede que no deseen hablar del tema o prefieran hablarlo con otros (amigos, vecinos, primos, etc). Ante esto, sin presionar, es bueno hacer alguna pregunta frente a alguna noticia o comercial en relación a lo que piensan frente a lo que están observando e invitarlos a que si tienen alguna inquietud la puedan expresar con confianza y naturalidad.
- Sabemos que muchos de nuestros niños podrían hacernos preguntas para las cuales pueda que no tengamos respuestas. Es fundamental, que seamos honestos y que les transmitamos que buscaremos la respuesta a la brevedad. Esto nos mostrará como adultos seguros y confiables.
- Además de los mensajes verbales que podamos decirles, es necesario que nuestras actitudes sean coherentes. No podemos perder el control o gritar frente a un temblor. Debemos frente a todo demostrar seguridad y prudencia. Intentemos siempre mantener la tranquilidad y reflexionar frente a cada acción. SI nuestros hijos observan que actuamos con calma, no solo les daremos seguridad sino también los haremos sentir protegidos.
- No olvidemos que nuestros niños tienden a ser muy empáticos y sensibles a lo que viven los otros. Es importante acompañarlos cuando ven televisión o ingresan a internet. No exponerlos demasiado tiempo, ya que pueden angustiarse más de la cuenta, sino más bien buscar que además jueguen y busquen otras instancias de recreación. Ahora bien, es bueno que sepan lo que ocurre, ya que podemos motivarlos a que busquen maneras de ayudar y solidarizar, a que generen y aporten ideas de cómo la familia puede colaborar en auxiliar a otros que lo necesitan.
- Es importante que tratemos de visualizar que es lo que sienten. La mejor manera de canalizar la pena y la angustia es a través del deporte y la recreación. Idealmente al aire libre y no frente al computador o la TV.
- Finalmente, crucial será el cariño que les podamos expresar. Un niño amado siempre se sentirá protegido. Es el mejor momento para ejecutar la “terapia de los abrazos y los besos” y recordarles que hay un buen Dios que nos cuida y nos protege, al cual debemos darle las gracias por lo bueno que nos alegra y por lo malo que nos hace crecer…
Hasta la próxima… Ps. Paola Drago Gajardo.

